La importancia del apego en el desarrollo infantil
La infancia es considerada una etapa fundamental en el desarrollo de la vida de los niños. En un breve período de tiempo interiorizan todo aquello que los prepara para la adolescencia y la adultez. En este proceso de evolución psicológica, y de cambios constantes, el apego se convierte en un factor necesario para el adecuado desarrollo de los niños.
Es por ello que conocer ampliamente su definición, los tipos de apego infantil y su importancia pueden servir para reflexionar o para poner en marcha con los más pequeños este vínculo tan relevante a la hora de educarles.
El apego infantil es el vínculo que establecen los niños con sus cuidadores, en primer lugar, con los padres y, después, puede extenderse a otros cuidadores de segundo grado tales como familiares o docentes. Este vínculo ayuda al infante a relacionarse con el entorno, explorar, comprender y regular sus emociones y validar sus conductas, entre otras cosas.
Que el vínculo se establezca de forma segura es de suma importancia para que el niño o niña aprenda a regular sus conductas, emociones, aprenda a enfrentarse a nuevos retos, a tolerar la frustración y a establecer relaciones con interpersonales.
Que el niño y/o la niña se sienta seguro o segura al explorar el ambiente y cuente con el apoyo de los cuidadores en los momentos de mayor incertidumbre es lo que facilita que el vínculo sea seguro; si esto no es así, estaríamos frente a un apego inseguro que dificulta el correcto desarrollo y puede tener serias implicaciones en el desarrollo emocional y de la personalidad.
Según los vínculos que se establecen con los cuidadores se pueden encontrar 4 tipos de apego infantil (Hernández, 2020):

En la formación de estos diversos tipos de apego infantil afectan mucho los estilos parentales y la interacción que existe entre los padres y/o cuidadores con el niño/a. Hay muchos factores que pueden intervenir:
Establecer unas bases de apego seguro es fundamental para el desarrollo no solo infantil, sino a lo largo de toda la vida de la persona, ya que nos ayuda a comprender el entorno y las relaciones con otros de una forma equilibrada y saludable, ayudando en el desarrollo de capacidades tales como:
Llegados a este punto nos planteamos cómo puede afectar la falta de apego seguro en la infancia y cuáles son las consecuencias de un apego inseguro en un niño y/o niña. Desarrollar un apego inseguro puede tener diversas consecuencias en el desarrollo del niño/a, adolescente y adulto. Éstas pueden ir desde dificultades en la gestión emocional hasta patologías como trastornos de personalidad, del humor, adicciones y otros trastornos relacionados con la ansiedad como el Trastorno Obsesivo Compulsivo.
Es importante tener en cuenta que los aprendizajes desde nuestras primeras etapas de vida afectan a nuestras decisiones y comportamientos en el futuro (así como a nuestra forma de interpretar la situación y hacer predicciones), por lo que tener un apego inseguro puede hacer que tengamos una mayor tendencia a evitar ciertas situaciones, a necesitar controlar lo que nos rodea, a ser más o menos afectivos.
Existen algunas claves que pueden ayudar a fomentar el apego seguro en el niño y/o niña desde que nacen y a medida que crecen. Para desarrollar un apego seguro es importante que los padres, madres y cuidadores se impliquen mucho en el niño/a, en dar respuesta a sus necesidades, adecuar su respuesta a sus conocimientos, jugar con ellos, ayudarles a comprender el entorno y comportamientos más adecuados a nivel social (siempre con explicaciones que puedan entender y evitando respuestas tales como “porque yo lo digo” o “porque sí”) y dar confianza y autonomía al niño/a guiando su exploración (supervisando desde la distancia) y celebrando los logros del niño/a.

Los educadores también tienen un papel fundamental en el desarrollo del alumnado, pues estos son capaces de detectar señales de alerta si algo no va bien e incluso reparar el daño. La formación docente en este respecto ayuda a los educadores también a guiar a las familias para generar entornos seguros de crecimiento y aprendizaje a través de jornadas de padres, charlas, tutorías y asesoramiento con figuras expertas como puede ser el orientador.
Además, los educadores también pueden formar al alumnado para ayudarles a gestionar y comprender las emociones propias y del otro, tolerar las frustraciones, generar estrategias para enfrentarnos a nuevos retos y aprender conductas prosociales (Pitillas, Halty y Berástegui, 2018).
Como docentes también es muy importante ayudar al alumnado a superar situaciones de incertidumbre, guiar en el proceso de exploración y dar respuesta a las necesidades que puedan surgir en el aula. Además, el trabajo en el aula a través de juegos de aspectos tan relevantes como: el autoconcepto, la autoestima, la gestión emocional, control de la frustración, ayudarán también a establecer una base segura de desarrollo. Es importante el papel de los docentes no solo en la interacción directa con el alumnado, sino también en la formación con las familias.
Autora: Lorena Cabrera, pedagoga y orientadora académica.